Antes bastaba con tener un poco de confianza en el futuro, pero dicen los expertos que la confianza ha muerto. Así que ya sólo nos queda la fe. Y la fe, como la bolsa, escapa a toda lógica. Pongámonos en pie y repitamos todos juntos: “Si Dios hubiese querido capitalismo, nos habría dado acciones”. Amén.